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03/09/2026 — BATÁN / MAR DEL PLATA

¿Abandonan el barco o preparan el próximo? La salida de Leila Gianni y la prueba que enfrenta La Libertad Avanza

Redacción Capibarapress · Publicada 03/09/2026 11:13

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La política argentina tiene una habilidad extraordinaria para producir dirigentes que llegan convencidos, permanecen mientras el viento acompaña y descubren profundas diferencias ideológicas justo cuando comienza a cambiar el clima electoral.

Por eso la salida de Leila Gianni de La Libertad Avanza merece algo más que reproducir un comunicado.

La concejala de La Matanza anunció que abandona formalmente el espacio libertario porque, según explicó, ya no reconoce allí aquello por lo que decidió luchar. Dijo que el Gobierno está dejando argentinos afuera, que no escucha suficientemente al pueblo y lanzó una frase particularmente dura: “Desde las fuerzas del cielo ya no se puede comprender al pueblo.”

Gianni tampoco reniega completamente del diagnóstico económico que originalmente la acercó al mileísmo. Reconoció que había que ordenar la macroeconomía, cambiar el rumbo y terminar con años de irresponsabilidad, pero ahora sostiene que ese ordenamiento no puede ignorar lo que ocurre con trabajadores, comerciantes, emprendedores y vecinos.

Hasta allí, su argumento merece ser escuchado.

Pero también merece algunas preguntas.

Porque Gianni no era una observadora que descubrió ayer qué significaba Javier Milei.

Fue funcionaria del Ministerio de Capital Humano, militó públicamente el proyecto libertario, participó de sus campañas y llegó al Concejo Deliberante de La Matanza dentro de ese espacio.

Y tampoco estamos ante una ruptura completamente inesperada.

En diciembre de 2025 ya había quedado fuera del bloque de La Libertad Avanza en La Matanza después del deterioro de su relación con Sebastián Pareja, uno de los principales armadores políticos de Karina Milei en territorio bonaerense. Incluso conformó junto con otros dirigentes un espacio propio denominado Alianza Libertad Republicana.

Entonces aparece la primera pregunta incómoda:

¿Gianni se está alejando ahora del proyecto económico de Milei o simplemente terminó de formalizar una ruptura política que llevaba meses desarrollándose?

Hay otra.

Falta aproximadamente un año para las elecciones de 2027.

Y cualquiera que conozca mínimamente la política argentina sabe qué ocurre cuando comienza a aproximarse una elección presidencial.

Empiezan los movimientos.

Las fotografías cambian.

Aparecen nuevas alianzas.

Los dirigentes descubren diferencias que anteriormente parecían tolerables.

Algunos permanecen.

Otros buscan construir espacios propios.

Y algunos empiezan a mirar qué estructura política podría ofrecer mejores perspectivas para la próxima elección.

No sabemos si ese es el caso de Gianni.

Pero sería ingenuo no incluir esa posibilidad dentro del análisis político.

La propia dirigente ya anticipó que continuará haciendo política y medios nacionales informaron que pretende integrarse a una “nueva fuerza que nace de abajo”. Es decir, no está abandonando la política: está abandonando una estructura política para continuar su carrera desde otra.

Y acá aparece algo que quizás resulte incómodo incluso para los propios libertarios.

Que algunos dirigentes se vayan puede ser un problema para La Libertad Avanza. Pero también puede convertirse en una oportunidad.

LLA creció a una velocidad extraordinaria.

Pasó de ser prácticamente una fuerza personal alrededor de Javier Milei a necesitar candidatos, fiscales, concejales, legisladores, funcionarios y estructuras territoriales en todo el país.

Cuando un partido crece tan rápidamente ocurre algo inevitable: entra gente de todas partes.

Liberales históricos.

Peronistas.

Radicales.

PRO.

Kirchneristas arrepentidos.

Independientes.

Oportunistas.

Convencidos.

Y seguramente más de uno que simplemente vio una puerta abierta hacia un cargo.

El problema aparece después.

Cuando gobernar obliga a tomar decisiones y la popularidad deja de ser una garantía, comienza la verdadera selección.

Ahí se descubre quién estaba por las ideas.

Quién estaba por Milei.

Quién estaba por un cargo.

Y quién estaba simplemente porque era el colectivo que parecía llevarlo más rápido hacia algún lugar.

Por eso La Libertad Avanza quizás no debería desesperarse cada vez que alguien abandona sus filas.

Debería preguntarse por qué se va.

Si los dirigentes se marchan porque el Gobierno dejó de escuchar problemas reales de la sociedad, LLA tiene un problema serio.

Si se van porque las internas partidarias se volvieron insoportables, tiene otro problema.

Si se van porque nunca compartieron realmente el proyecto y solamente acompañaron mientras electoralmente convenía, entonces quizá la salida sea hasta saludable.

Un partido que pretende gobernar ocho años no solamente necesita sumar gente.

También necesita aprender a depurarse políticamente.

Y depurarse no significa expulsar al que piensa diferente.

Significa saber quién comparte un proyecto y quién simplemente comparte una boleta.

Pero tampoco puede utilizarse la palabra “traidor” cada vez que alguien se va.

Porque existe otra posibilidad que los libertarios deberían tener el coraje de considerar:

que algunas críticas sean ciertas.

La macroeconomía puede ordenarse mientras una parte de la población continúa atravesando dificultades.

El equilibrio fiscal puede ser indispensable y, al mismo tiempo, existir errores políticos.

Reducir el Estado puede ser una decisión estratégica y eso no convierte automáticamente cada recorte en correcto.

Defender un proyecto tampoco significa aplaudir absolutamente todo lo que haga un gobierno.

La lealtad política no debería exigir obediencia intelectual.

Y hay además otra discusión que en Argentina suele esconderse detrás de la palabra “ajuste”.

El Estado argentino no termina en la Casa Rosada.

Hay Nación.

Hay 23 provincias.

Está la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Hay municipios.

Legislaturas.

Empresas estatales.

Organismos descentralizados.

Estructuras políticas y burocráticas distribuidas por todo el territorio.

Por eso resulta demasiado sencillo atribuir cualquier aumento del costo de vida exclusivamente al Presidente de turno.

El Presupuesto Nacional 2026 establece expresamente que la Administración Nacional debe cerrar el ejercicio con resultado financiero equilibrado o superavitario. El Gobierno nacional convirtió el equilibrio fiscal en una regla central de su política económica.

Pero eso no significa que todas las provincias y municipios estén siguiendo exactamente la misma estrategia.

Y ahí Capibara Press viene planteando una pregunta desde hace tiempo:

¿de qué sirve adelgazar una parte del Estado si otras continúan aumentando impuestos, tasas, tarifas, estructuras y gastos?

Tampoco sería serio afirmar que las 23 provincias están aumentando indiscriminadamente el gasto. Las situaciones fiscales son diferentes y deben analizarse jurisdicción por jurisdicción.

Pero el ciudadano no paga sus cuentas mirando jurisdicciones.

Paga todo.

Cuando aumenta una tasa municipal, paga.

Cuando aumenta un impuesto provincial, paga.

Cuando sube la electricidad por una decisión regulatoria provincial, paga.

Cuando Nación elimina un subsidio, paga.

Cuando aumenta el transporte, paga.

Y cuando cualquiera de los tres niveles del Estado gasta más de lo que puede financiar sosteniblemente, tarde o temprano alguien también termina pagando.

Por eso el debate político que viene rumbo a 2027 debería ser bastante más profundo que:

“Milei ajusta” contra “Milei salvó la economía”.

La pregunta debería ser qué Estado pretende construir cada fuerza política y cuánto está dispuesta a cobrarle al ciudadano para mantenerlo.

La salida de Gianni también anticipa otro fenómeno.

A medida que se acerquen las elecciones seguramente veremos más movimientos.

Algunos abandonarán el oficialismo.

Otros intentarán regresar.

Habrá dirigentes que descubrirán diferencias irreconciliables.

Y posiblemente también aparezcan quienes, si las encuestas vuelven a favorecer al Gobierno, descubran repentinamente que nunca dejaron de ser libertarios.

Ahí La Libertad Avanza tendrá una decisión bastante más importante que conseguir una fotografía electoral.

Decidir quién puede volver a subir al barco.

Porque un partido que abre las puertas indiscriminadamente cuando crece después no debería sorprenderse cuando algunos pasajeros cambian de embarcación cuando aparece una tormenta.

Y también porque los dirigentes que hoy denuncian aquello que ayer defendían tendrán que explicar algo igualmente sencillo:

¿qué cambió?

¿Cambió el Gobierno?

¿Cambió el proyecto?

¿Cambió el dirigente?

¿O cambiaron las encuestas?

Capibara Press no necesita responder esa pregunta por ellos.

Para eso están los ciudadanos.

Pero hay algo que sí debería quedar claro.

La Libertad Avanza está llegando a una etapa diferente.

Ya no alcanza con recordar la herencia recibida.

Ya no alcanza con culpar al kirchnerismo.

Ya no alcanza con mostrar una motosierra.

Después de años en el poder, un gobierno comienza inevitablemente a ser evaluado por sus propios resultados.

Y rumbo a 2027 deberá demostrar si aquello que llamó transformación fue simplemente un ajuste necesario para estabilizar la economía o el comienzo de una transformación estructural capaz de llegar finalmente a la vida cotidiana.

Mientras tanto, quienes abandonen el oficialismo también tendrán que demostrar algo.

Que se fueron por convicciones.

No porque olieron una tormenta.

Y mucho menos porque divisaron otro barco electoral pasando cerca.

Porque la política argentina está llena de dirigentes que se fueron indignados.

Y también de algunos que, cuando cambió el viento, encontraron sorprendentemente el camino de regreso.

Capibara Reflexiona

Quizás La Libertad Avanza no necesite desesperarse por cada dirigente que abandona sus filas.

Quizás necesite algo bastante más difícil:

descubrir quiénes son realmente La Libertad Avanza.

Los que llegaron por las ideas.

Los que llegaron por Milei.

Los que llegaron buscando un cargo.

Y los que ya están calculando dónde convendrá estar en 2027.

Pero cuidado.

Una limpieza política puede sacar oportunistas.

También puede expulsar a quienes advierten errores reales.

La diferencia entre ambas cosas determinará si LLA consigue convertirse en un partido político duradero o termina siendo solamente otro fenómeno electoral construido alrededor de un liderazgo.

La motosierra sirvió como símbolo para hablar del Estado.

Tal vez ahora haga falta utilizarla metafóricamente dentro de la propia política.

No para cortar al que piensa distinto.

Para cortar el oportunismo.

Y si algún día vuelven aquellos que hoy se marchan, habrá una pregunta esperando en la puerta:

¿volvieron porque regresaron las convicciones… o porque regresaron los votos?

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