CHILE AVANZA CON UNA RUTA MARÍTIMA HACIA MALVINAS Y ABRE UN NUEVO FRENTE EN EL ATLÁNTICO SUR
Chile avanza con la puesta en marcha de una nueva conexión marítima comercial entre Punta Arenas y las Islas Malvinas. El proyecto será operado por la naviera chilena Easter Island y cuenta con un acuerdo con la corporación de desarrollo económico de las islas. El
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- Chile avanza con la puesta en marcha de una nueva conexión marítima comercial entre Punta Arenas y las Islas Malvinas.
- El proyecto será operado por la naviera chilena Easter Island y cuenta con un acuerdo con la corporación de desarrollo económico de las islas.
- El primer viaje está previsto para noviembre y permitiría reducir aproximadamente a la mitad la distancia que actualmente deben recorrer por mar las mercaderías que llegan desde Montevideo, principal conexión marítima sudamericana del archipiélago.
Chile avanza con la puesta en marcha de una nueva conexión marítima comercial entre Punta Arenas y las Islas Malvinas. El proyecto será operado por la naviera chilena Easter Island y cuenta con un acuerdo con la corporación de desarrollo económico de las islas. El

Chile avanza con la puesta en marcha de una nueva conexión marítima comercial entre Punta Arenas y las Islas Malvinas. El proyecto será operado por la naviera chilena Easter Island y cuenta con un acuerdo con la corporación de desarrollo económico de las islas. El primer viaje está previsto para noviembre y permitiría reducir aproximadamente a la mitad la distancia que actualmente deben recorrer por mar las mercaderías que llegan desde Montevideo, principal conexión marítima sudamericana del archipiélago.
La iniciativa no apareció de un día para otro. Las negociaciones vienen desarrollándose desde hace meses y durante julio representantes de la empresa naviera mantuvieron reuniones con comerciantes y autoridades económicas de las islas. Ahora el proyecto entra en una nueva etapa: hacia fines de septiembre una delegación comercial viajará a Punta Arenas para mantener encuentros con proveedores y operadores logísticos. Entre los productos que podrían transportarse aparecen alimentos, frutas y verduras, materiales para la construcción, gas licuado y repuestos. Desde Punta Arenas estiman que el mercado isleño representa compras por alrededor de 20 millones de dólares anuales.
El movimiento resulta particularmente sensible para Argentina porque ocurre mientras Buenos Aires intenta aumentar la presión sobre las actividades económicas desarrolladas en el archipiélago sin autorización argentina. Además, Chile mantiene históricamente su respaldo diplomático al reclamo argentino de soberanía sobre las Malvinas. El propio gobierno chileno volvió a ratificar esa posición recientemente, aunque sostiene que ese apoyo no impide desarrollar actividades comerciales permitidas por la normativa vigente.
Desde Santiago hacen una distinción importante: una cosa sería colaborar con actividades vinculadas a la explotación unilateral de recursos naturales en las áreas disputadas y otra abastecer comercialmente a la población de las islas. La empresa encargada de la nueva conexión aseguró además que el servicio estará destinado al abastecimiento general y negó que el proyecto esté relacionado con el desarrollo petrolero que avanza alrededor de Malvinas. Esa diferencia probablemente se convierta en uno de los puntos centrales de cualquier discusión diplomática con Argentina.
También existe un problema político adicional. Desde 2011 los países del Mercosur mantienen restricciones para impedir el ingreso a sus puertos de embarcaciones que utilicen la bandera británica de las Malvinas. Los impulsores chilenos sostienen que la nueva operación no violaría ese compromiso porque el buque utilizaría otra bandera y porque se trataría de una actividad entre privados. La cuestión, sin embargo, excede el aspecto estrictamente comercial: una conexión regular con Punta Arenas podría reducir costos, fortalecer el abastecimiento del archipiélago y aumentar su integración económica con el extremo sur del continente.
Para Argentina aparece así un desafío mucho más complejo que simplemente protestar contra Chile. Si la política nacional pretende evitar que la ocupación británica continúe consolidándose económica y logísticamente, deberá conseguir que sus aliados regionales encuentren incentivos para acompañar esa estrategia sin perjudicar sus propios intereses comerciales. Chile puede continuar reconociendo diplomáticamente la existencia de la disputa de soberanía y, al mismo tiempo, comerciar con las islas. Esa aparente contradicción demuestra que la cuestión Malvinas ya no se juega solamente en Naciones Unidas: también se disputa en puertos, rutas marítimas, inversiones, energía, logística y negocios.
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