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¿El agua de la canilla tiene olor y gusto a cloro? Qué efectos puede tener sobre la salud y cuándo hay que reclamar

Millones de argentinos consumen agua corriente todos los días, pero en ocasiones perciben un fuerte olor a lavandina o un sabor desagradable. ¿Por qué las empresas agregan cloro? ¿Es peligroso beberlo durante años? ¿Qué dice la legislación arge

LOCALMar del Plata · Buenos Aires
MEDIO PROPIO · loguea2Publicada 05/11/2026 22:10
  • Millones de argentinos consumen agua corriente todos los días, pero en ocasiones perciben un fuerte olor a lavandina o un sabor desagradable.
  • ¿Por qué las empresas agregan cloro?
  • ¿Es peligroso beberlo durante años?

Millones de argentinos consumen agua corriente todos los días, pero en ocasiones perciben un fuerte olor a lavandina o un sabor desagradable. ¿Por qué las empresas agregan cloro? ¿Es peligroso beberlo durante años? ¿Qué dice la legislación arge

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¿El agua de la canilla tiene olor y gusto a cloro? Qué efectos puede tener sobre la salud y cuándo hay que reclamar

Millones de argentinos consumen agua corriente todos los días, pero en ocasiones perciben un fuerte olor a lavandina o un sabor desagradable. ¿Por qué las empresas agregan cloro? ¿Es peligroso beberlo durante años? ¿Qué dice la legislación argentina y dónde pueden denunciar los usuarios si sospechan que el agua no está en condiciones?

Abrir la canilla y sentir olor a lavandina

Es una situación que muchos hogares conocen: se abre la canilla para llenar un vaso y aparece un olor característico, parecido al de la lavandina. En algunos casos, el agua también presenta un sabor químico que resulta desagradable.

La primera reacción suele ser preguntarse si esa agua realmente es segura para beber.

La respuesta requiere distinguir dos cuestiones: el cloro utilizado correctamente cumple una función sanitaria fundamental, pero un olor o sabor especialmente intenso, persistente o diferente del habitual merece atención.

No todo olor a cloro significa contaminación. Tampoco alcanza con que el agua sea transparente para asegurar que es potable.

La única forma de comprobar su calidad es mediante controles adecuados.

¿Por qué se agrega cloro al agua corriente?

El cloro es uno de los desinfectantes más utilizados en los sistemas de abastecimiento de agua potable.

Su función principal es eliminar o inactivar microorganismos que pueden provocar enfermedades.

Entre los riesgos que busca prevenir se encuentran determinadas infecciones gastrointestinales transmitidas por agua contaminada.

Pero la desinfección no termina necesariamente cuando el agua sale de una planta de tratamiento o de una instalación de abastecimiento.

Durante su recorrido por cañerías, depósitos y conexiones, el agua puede quedar expuesta a nuevos riesgos de contaminación.

Por ese motivo, los prestadores procuran mantener una pequeña cantidad de desinfectante residual.

Ese cloro remanente ayuda a conservar la protección microbiológica hasta que el agua llega al consumidor.

La cloración constituye, por lo tanto, una medida de prevención sanitaria y no una práctica destinada simplemente a modificar el sabor del agua.

¿Por qué a veces se siente mucho más el olor?

La intensidad del olor puede variar por diferentes razones.

Una de ellas es la concentración de cloro residual presente en el agua. Otra es la sensibilidad de cada persona para percibirlo.

También pueden influir la temperatura, las condiciones de la red de distribución y la presencia de sustancias que reaccionan con el desinfectante.

En algunas redes se utilizan cloraminas, compuestos desinfectantes que pueden producir sensaciones de olor y sabor diferentes.

La Organización Mundial de la Salud señala que algunas personas pueden detectar el cloro incluso cuando se encuentra en concentraciones relativamente bajas.

Por eso, sentir su olor no demuestra por sí solo que el agua contenga una cantidad peligrosa.

Sin embargo, si el olor aparece repentinamente, se vuelve muy intenso o está acompañado por turbiedad, cambios de color u otras características anormales, corresponde solicitar una evaluación.

¿Qué efectos tiene sobre la salud tomar agua con cloro?

Cuando el agua cumple con las normas de potabilidad y las concentraciones de desinfectante se mantienen dentro de los valores establecidos, la cloración se considera una práctica segura y beneficiosa para la salud pública.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) explican que los niveles bajos de cloro y cloraminas autorizados para desinfectar el agua potable no suelen provocar enfermedades.

El beneficio más importante es la reducción del riesgo de infecciones causadas por microorganismos presentes en el agua.

No obstante, las concentraciones excesivas de sustancias químicas pueden representar riesgos, y los sistemas de abastecimiento deben controlar tanto el desinfectante como los compuestos que pueden formarse durante el tratamiento.

¿Tomar agua clorada durante muchos años puede ser perjudicial?

Esta pregunta requiere una explicación especial.

La preocupación científica no se concentra únicamente en el cloro residual, sino también en determinados subproductos de desinfección.

Estos compuestos pueden formarse cuando el cloro reacciona con materia orgánica presente en el agua.

Algunos subproductos, como los trihalometanos, están regulados porque determinadas exposiciones prolongadas a concentraciones elevadas pueden asociarse con riesgos para la salud.

Esto no significa que beber agua correctamente clorada provoque cáncer ni que toda agua con olor a cloro contenga cantidades peligrosas de esas sustancias.

Significa que los organismos responsables deben controlar el proceso completo de potabilización.

La protección sanitaria requiere mantener un equilibrio: suficiente desinfección para prevenir enfermedades infecciosas y control adecuado de los compuestos químicos presentes.

¿Cuánto cloro debe tener el agua potable?

El Código Alimentario Argentino establece requisitos físicos, químicos y microbiológicos para el agua destinada al consumo humano.

Entre sus parámetros figura un valor mínimo de cloro activo residual de 0,2 miligramos por litro.

Por su parte, la Organización Mundial de la Salud utiliza un valor de referencia sanitario de 5 miligramos por litro para el cloro libre.

Ese valor internacional no debe confundirse con la concentración habitual recomendada para distribuir agua potable.

En condiciones normales, la OMS describe niveles residuales de aproximadamente 0,2 a 0,5 miligramos por litro en los puntos de consumo como referencia operativa de desinfección.

Las exigencias concretas también dependen de la normativa aplicable a cada servicio.

Lo importante es que la concentración de cloro debe medirse, no calcularse a partir del olor que percibe una persona.

¿Se puede reducir el gusto a cloro en casa?

Cuando el agua es oficialmente apta para consumo y la única molestia es su sabor, existen algunas medidas sencillas que pueden mejorar la experiencia.

Enfriarla en una jarra limpia y tapada puede hacer que el gusto resulte menos perceptible.

Los filtros de carbón activado certificados para mejorar olor y sabor también pueden reducir el cloro libre, siempre que se utilicen y mantengan correctamente.

Sin embargo, un filtro doméstico no garantiza por sí solo la eliminación de microorganismos, metales pesados ni cualquier otro contaminante.

Además, al retirar el desinfectante residual, el agua pierde parte de su protección frente a una posible recontaminación.

Por eso, el agua filtrada debe almacenarse higiénicamente y consumirse sin demoras innecesarias.

No se recomienda agregar sustancias químicas caseras para neutralizar el cloro.

Tampoco debe suponerse que hervir el agua resuelve cualquier problema: la ebullición elimina muchos microorganismos, pero no vuelve segura el agua contaminada con determinadas sustancias químicas.

¿Cuándo conviene dejar de consumirla y consultar?

Si el agua presenta un olor químico muy fuerte o desconocido, cambios repentinos de color, turbiedad importante o características incompatibles con las habituales, lo prudente es no utilizarla para beber o cocinar hasta consultar con el prestador o la autoridad sanitaria.

También debe prestarse atención si varias viviendas de una misma zona registran simultáneamente el problema.

En esos casos corresponde solicitar controles y, si es necesario, utilizar temporalmente agua de una fuente segura.

Si aparecen síntomas después de consumir agua sospechosa, corresponde consultar a un profesional de salud. Los síntomas por sí solos no permiten identificar la causa.

¿Qué dice la legislación argentina?

El artículo 982 del Código Alimentario Argentino establece que el agua potable debe ser apta para la alimentación y el uso doméstico.

También dispone que debe presentar características aceptables de sabor, color, olor y transparencia, además de cumplir con parámetros químicos y microbiológicos.

Esto significa que los prestadores tienen obligaciones vinculadas tanto con la seguridad sanitaria como con la calidad del servicio.

El hecho de que el cloro sea necesario para desinfectar el agua no autoriza a ignorar reclamos por alteraciones anormales de sus características.

Si existe una duda razonable sobre la calidad del suministro, el usuario puede solicitar una verificación.

¿Dónde se reclama o denuncia el agua con olor a cloro?

El primer paso es comunicarse con la empresa o cooperativa responsable del suministro.

En el reclamo conviene indicar el domicilio, la fecha y hora en que se detectó el problema, la descripción del olor o sabor y si otras viviendas presentan la misma situación.

Es importante solicitar un número de reclamo y conservarlo.

También puede pedirse una inspección o análisis de calidad del agua.

En Mar del Plata

En el Partido de General Pueyrredon, el servicio público de agua potable está a cargo de Obras Sanitarias Sociedad de Estado (OSSE).

Los usuarios pueden realizar consultas y reclamos a través de los canales oficiales de la empresa.

Es recomendable describir si el olor se percibe únicamente en una vivienda o también en domicilios vecinos, ya que esto puede ayudar a determinar si el origen está en la red pública o en las instalaciones internas del inmueble.

En la provincia de Buenos Aires

Si el prestador no brinda una solución, los usuarios pueden acudir a la Autoridad del Agua (ADA).

El organismo provincial dispone de un procedimiento de reclamos por servicios sanitarios.

Según su guía oficial, para iniciar esta instancia generalmente se requiere haber reclamado previamente ante el prestador y que hayan transcurrido 48 horas sin solución.

La ADA solicita el número de reclamo original, los datos de la cuenta o facturación y una descripción del inconveniente.

Los canales informados incluyen:

  • Línea gratuita: 0800-444-0579, de lunes a viernes de 9 a 13 horas.

  • Correo electrónico: greclamos-ada@ada.gba.gov.ar.

  • Formulario de reclamos disponible en su sitio web oficial.

Si existe una sospecha de riesgo sanitario inmediato, también corresponde consultar a las autoridades locales de salud sin esperar a que finalice el trámite administrativo.

¿Qué deberían informar las empresas de agua?

La confianza de los consumidores depende de algo más que asegurar que el agua es potable.

También requiere información clara y accesible sobre los controles realizados.

Ante reclamos por olor o sabor, resulta razonable solicitar datos como la concentración de cloro residual, los resultados de los análisis microbiológicos y la existencia de trabajos o modificaciones recientes en el sistema de abastecimiento.

La publicación periódica de resultados permite que los vecinos conozcan las condiciones del agua que consumen.

Y cuando se detectan alteraciones, una comunicación oportuna puede evitar tanto riesgos sanitarios como alarmas injustificadas.

El agua potable es un derecho y su calidad debe poder comprobarse

El cloro cumple una función esencial: evitar que microorganismos peligrosos lleguen a los hogares a través del agua corriente.

Su presencia en concentraciones adecuadas constituye una protección, no necesariamente una amenaza.

Pero esa realidad no significa que cualquier olor, sabor o concentración deba aceptarse sin explicaciones.

Los consumidores tienen derecho a conocer la calidad del suministro y a reclamar cuando detectan alteraciones.

El olor a cloro no demuestra que el agua sea peligrosa. Pero tampoco alcanza con decir que es segura: la potabilidad debe estar respaldada por controles, resultados y transparencia.

Porque el agua que llega a cada hogar no es solamente un servicio público. Es un elemento indispensable para la salud y la vida cotidiana.

 

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