Juicio político a Milei: cuando la indignación llega tarde
Redacción Capibarapress · Publicada 02/04/2026 08:46 · Actualizada 28/08/2026 06:04

El pedido de juicio político contra volvió a encender la grieta en el Congreso. Sectores del peronismo y la izquierda avanzaron con denuncias que van desde supuestos incumplimientos de deberes hasta cuestionamientos constitucionales y polémicas económicas. Todo dentro de una herramienta institucional válida, sí… pero que en este caso también funciona como señal política.
Ahora bien, la pregunta incómoda es otra: ¿por qué algunas alarmas se encienden ahora y no antes?
Durante años, la Argentina convivió con causas judiciales de enorme gravedad. No eran rumores ni interpretaciones. Eran expedientes, investigaciones y, en varios casos, condenas. Sin embargo, la intensidad del rechazo político, mediático y social no siempre fue la misma. Hubo momentos donde el silencio fue tan fuerte como hoy lo es el ruido.
Eso no invalida las denuncias actuales. Pero sí obliga a ponerlas en contexto.
Porque cuando los mecanismos institucionales —como el juicio político— se utilizan con una vara cambiante, dejan de percibirse como herramientas de control y pasan a ser leídos como instrumentos de disputa. Y ahí es donde el sistema pierde credibilidad.
El oficialismo, por su parte, ya dejó en claro que tiene margen para frenar cualquier avance dentro de la comisión presidida por . Eso convierte al proceso, al menos por ahora, en un escenario más simbólico que resolutivo.
Pero el efecto político ya está en marcha.
Porque más allá de si el juicio prospera o no, lo que queda expuesto es algo más profundo: la dificultad de sostener un criterio único frente al poder. La tendencia a ver con lupa al adversario y con indulgencia al propio.
Y ese, quizás, es el problema de fondo.
No la denuncia.
No el juicio político.
Sino la doble vara.
En un país donde la corrupción, los abusos y las tensiones institucionales no son novedad, el desafío no es señalar más… sino hacerlo con coherencia.
Porque cuando la indignación depende de quién gobierna, deja de ser justicia.
Y pasa a ser política.
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