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KICILLOF Y LA OBRA FANTASMA: PROMETIERON MIEL POR $36 MILLONES Y AHORA NECESITAN OTROS $50 MILLONES PARA HACER ALGO DISTINTO

En Florencio Varela, el gobierno bonaerense financió en 2023 una sala de extracción de miel que nunca llegó a construirse. Tres años después, la gestión de Axel Kicillof aprobó cambiar el destino del proyecto y agregar otros $50 millones para comprar

LOCALFlorencio Varela · Buenos Aires
REDACCIÓN ASOCIADA · CapibarapressPublicada 23/10/2026 21:28
  • En Florencio Varela, el gobierno bonaerense financió en 2023 una sala de extracción de miel que nunca llegó a construirse.
  • Tres años después, la gestión de Axel Kicillof aprobó cambiar el destino del proyecto y agregar otros $50 millones para comprar maquinaria vial.
  • La Fiscalía de Estado advirtió sobre la necesidad de reforzar los controles.

En Florencio Varela, el gobierno bonaerense financió en 2023 una sala de extracción de miel que nunca llegó a construirse. Tres años después, la gestión de Axel Kicillof aprobó cambiar el destino del proyecto y agregar otros $50 millones para comprar

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KICILLOF Y LA OBRA FANTASMA: PROMETIERON MIEL POR $36 MILLONES Y AHORA NECESITAN OTROS $50 MILLONES PARA HACER ALGO DISTINTO

En Florencio Varela, el gobierno bonaerense financió en 2023 una sala de extracción de miel que nunca llegó a construirse. Tres años después, la gestión de Axel Kicillof aprobó cambiar el destino del proyecto y agregar otros $50 millones para comprar maquinaria vial. La Fiscalía de Estado advirtió sobre la necesidad de reforzar los controles. Los productores siguen sin la infraestructura prometida y los contribuyentes tienen motivos para exigir explicaciones.

En la provincia de Buenos Aires, las promesas cambian de nombre. Los millones siguen apareciendo.

Hay historias que parecen inventadas para una caricatura política. Pero esta tiene números de resoluciones, expedientes administrativos y decisiones publicadas oficialmente.

En junio de 2023, el gobierno de Axel Kicillof aprobó un subsidio de $36 millones para construir una sala de extracción y fraccionamiento de miel en Florencio Varela.

La idea era concreta: facilitar el trabajo de los productores apícolas locales, reducir costos de traslado y mejorar sus posibilidades comerciales.

Tres años después, aquella infraestructura no se había materializado.

Y en lugar de completar el proyecto original, el Ministerio de Desarrollo Agrario bonaerense, encabezado por Javier Rodríguez, aprobó una modificación del convenio para destinar los fondos a otra finalidad.

¿La nueva propuesta?

Comprar una minicargadora y un rodillo pata de cabra para mejorar caminos rurales.

¿El costo adicional autorizado?

Otros $50 millones.

Así, el financiamiento provincial previsto pasó de $36 millones a $86 millones.

La pregunta resulta inevitable:

¿Cómo puede una obra que no se hizo terminar convertida en otro proyecto que necesita más del doble del presupuesto original?

Los apicultores necesitaban una sala de extracción. La política les cambió el proyecto.

La resolución 351/2023 había autorizado el financiamiento para construir una sala de extracción y fraccionamiento de miel en el Parque Industrial de Florencio Varela.

No era una ocurrencia sin fundamento.

Según la información utilizada para justificar el proyecto, el distrito contaba con 45 productores apícolas, 937 colmenas y 39 apiarios.

El problema era que carecía de establecimientos habilitados para procesar esa producción.

Los productores debían trasladarse a otros municipios, afrontando costos adicionales que afectaban su competitividad.

La Dirección Apícola provincial había considerado viable la iniciativa.

El presupuesto fue evaluado favorablemente.

El subsidio fue autorizado.

Pero la sala no llegó a construirse conforme al convenio.

Y aquí aparece una contradicción que merece una explicación.

Si la necesidad existía, si el proyecto había sido considerado viable y si el dinero estaba previsto, ¿por qué tres años después los productores seguían sin la obra?

No alcanza con responder que hubo dificultades.

La administración pública debe explicar cuáles fueron, cuándo se detectaron y qué decisiones se tomaron para resolverlas.

Porque el fracaso de una obra no puede convertirse en una simple modificación de expediente sin una rendición de cuentas comprensible para los ciudadanos.

De la miel a los caminos rurales: el proyecto cambió, pero el presupuesto aumentó

El 17 de septiembre de 2026, el ministro Javier Rodríguez firmó la resolución 321/2026, publicada el 20 de octubre.

La medida aprobó modificar el convenio original después de que el municipio de Florencio Varela, conducido por Andrés Watson, solicitara cambiar el destino de los recursos.

El expediente administrativo identificado como EX-2026-05439084-GDEBA-DSTAMDAGP registra esas gestiones.

La comuna alegó que no podía concretar la obra inicialmente prevista.

La nueva finalidad sería adquirir maquinaria para tareas de mantenimiento y reparación de caminos rurales.

Se trata de equipamiento que puede resultar útil para el municipio.

El problema no es necesariamente la utilidad de una minicargadora o de un rodillo.

El problema es otro.

¿Por qué se abandona una inversión productiva previamente aprobada y se necesitan $50 millones adicionales para reemplazarla por una compra de maquinaria?

¿Se evaluaron alternativas para finalizar la sala de miel?

¿Se compararon los beneficios económicos de ambos proyectos?

¿Se informó a los productores que la infraestructura prometida ya no se realizaría?

¿Quién determinó que la nueva inversión era la mejor utilización de esos recursos?

Son preguntas administrativas, económicas y políticas.

Y deberían tener respuestas documentadas.

La Fiscalía de Estado encendió una luz amarilla

Uno de los aspectos más relevantes de la información publicada por REALPOLITIK es la intervención de la Fiscalía de Estado bonaerense.

De acuerdo con la resolución citada por el medio, el organismo formuló observaciones por el tiempo transcurrido desde el otorgamiento del subsidio original.

También señaló la necesidad de intensificar los controles para prevenir eventuales perjuicios al patrimonio provincial.

La Dirección de Vialidad realizó observaciones adicionales que el municipio se comprometió a atender.

Esto no equivale a una denuncia penal ni demuestra que se haya cometido un delito.

Pero sí muestra que el propio procedimiento administrativo generó advertencias sobre la necesidad de control.

Y esas advertencias merecen atención.

Porque si el Estado financia un proyecto, transcurren tres años y finalmente se cambia su finalidad, corresponde verificar qué sucedió con los recursos, qué obligaciones se cumplieron y cuáles quedaron pendientes.

El dinero público no puede quedar atrapado durante años entre convenios vencidos, cambios de destino y explicaciones que los contribuyentes no conocen.

Una diferencia fundamental: aprobar $50 millones no es demostrar que ya fueron pagados

La información disponible permite establecer que el gobierno provincial aprobó una ampliación del financiamiento por $50 millones.

Sin embargo, la resolución dispone que esos fondos adicionales solamente podrán liberarse cuando el municipio presente la documentación respaldatoria del procedimiento de adquisición.

También exige rendición documentada ante el Tribunal de Cuentas bonaerense y comunicación al Concejo Deliberante.

Por lo tanto, no está acreditado que los nuevos $50 millones ya hayan sido desembolsados.

Esa diferencia es importante para evaluar correctamente la situación.

Pero tampoco elimina las preguntas sobre la gestión.

¿Qué ocurrió con los $36 millones originalmente otorgados?

¿Fueron transferidos en su totalidad?

¿Permanecieron disponibles?

¿Se utilizaron parcialmente?

¿Existe una rendición aprobada que permita conocer su destino?

La publicación periodística no permite responder de manera concluyente a todas esas preguntas.

Y justamente por eso la Provincia debería poner a disposición la documentación completa.

No se trata de inventar un faltante. Se trata de exigir que cada peso tenga un destino comprobable.

Los productores siguen esperando lo que les prometieron

Hay otro detalle que vuelve especialmente relevante este caso.

Un diagnóstico socioterritorial y productivo elaborado por la Universidad Nacional Arturo Jauretche en 2025 volvió a identificar las dificultades que enfrentaban los productores apícolas de Florencio Varela para acceder a instalaciones de extracción y envasado.

Es decir, dos años después de la aprobación del financiamiento original, la necesidad que había justificado la obra seguía presente.

Y en 2026, el proyecto terminó reemplazado por otro.

Esto obliga a discutir cómo se definen las prioridades del gasto público.

Porque anunciar una obra no significa ejecutarla.

Aprobar un subsidio no significa alcanzar el objetivo.

Y modificar una resolución tampoco significa resolver el problema de quienes esperaban la inversión.

La gestión pública debería medirse por los resultados obtenidos, no por la cantidad de expedientes aprobados o anuncios realizados.

Kicillof, Rodríguez y Watson: tres niveles de responsabilidad que necesitan explicaciones

El gobernador Axel Kicillof conduce la administración provincial.

Javier Rodríguez encabeza el Ministerio de Desarrollo Agrario, organismo que aprobó el financiamiento original y su posterior modificación.

Andrés Watson gobierna Florencio Varela, municipio que solicitó el cambio de destino.

Cada uno ocupa un lugar diferente dentro de la cadena institucional.

Por eso, atribuirles automáticamente una responsabilidad penal sería improcedente.

Pero existe una responsabilidad política y administrativa de explicar las decisiones adoptadas por sus respectivas gestiones.

La Provincia debería informar qué controles realizó desde 2023 y por qué consideró conveniente aprobar el cambio.

El municipio debería explicar qué impidió concretar la sala de extracción y cómo utilizará los recursos destinados al nuevo equipamiento.

Y los organismos de control deberían verificar el cumplimiento de las condiciones establecidas.

Cuando se administran recursos públicos, rendir cuentas no es un favor al ciudadano: es una obligación institucional.

¿Y si fuera una empresa privada?

Imaginemos una empresa que aprueba $36 millones para instalar una planta productiva.

Pasan tres años.

La planta no aparece.

Entonces, sus responsables informan que utilizarán los fondos para comprar maquinaria destinada a otra actividad y que necesitarán otros $50 millones.

¿Qué pedirían sus accionistas?

Probablemente exigirían balances, explicaciones, evaluaciones de costos y responsabilidades.

En el sector público, los contribuyentes tienen razones equivalentes para reclamar información.

La comparación no significa que la administración estatal deba funcionar exactamente como una empresa privada.

Pero hay principios que deberían ser comunes: planificación, seguimiento, documentación y evaluación de resultados.

Que el dinero provenga de los impuestos no lo convierte en un recurso sin dueño.

Pertenece al patrimonio público y debe administrarse conforme a las finalidades legalmente autorizadas.

? Reflexión Capibara: la miel nunca apareció, pero los millones siguieron creciendo

En Florencio Varela se prometió una sala para ayudar a los productores de miel.

La Provincia aprobó $36 millones.

Tres años después, la obra no se concretó.

Ahora se autorizó cambiar el destino del financiamiento y sumar otros $50 millones para adquirir maquinaria vial.

La Fiscalía de Estado formuló observaciones y reclamó mayores controles.

Estos son los hechos centrales que deben explicarse.

No prueban por sí mismos corrupción, desvío de fondos ni enriquecimiento de funcionarios.

Pero sí plantean interrogantes relevantes sobre planificación, seguimiento y utilización de recursos públicos.

La discusión no debería reducirse a defender o atacar a Kicillof por su pertenencia política.

Debería centrarse en documentos y resultados.

¿Por qué fracasó el proyecto original? ¿Qué pasó con los fondos de 2023? ¿Quién controló su ejecución? ¿Por qué el nuevo proyecto requiere $50 millones adicionales? ¿Qué solución tendrán ahora los productores apícolas?

Son preguntas concretas.

Y merecen respuestas concretas.

Porque detrás de cada partida presupuestaria hay recursos que podrían destinarse a necesidades reales de la población.

La Provincia no tiene que demostrar cuántas obras puede anunciar. Tiene que demostrar qué hizo con el dinero y qué beneficios recibieron los ciudadanos.

La miel puede esperar una temporada.

La rendición de cuentas no debería esperar otros tres años.

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