La memoria selectiva: cuando la corrupción depende de quién mire
Redacción Capibarapress · Publicada 31/03/2026 08:14 · Actualizada 28/08/2026 06:04

?? En la Argentina, la corrupción no es un fenómeno nuevo. Tampoco invisible. Lo que sí ha cambiado, con el tiempo, es la forma en que se mira.
Durante años, hechos que hoy generan indignación inmediata convivieron con una atención desigual. No se trata de percepciones, sino de causas judiciales concretas que avanzaron —algunas con condenas firmes— y que marcaron una etapa política.
El caso de López , detenido mientras intentaba ocultar bolsos con dinero en un convento, derivó en una condena judicial.
Las investigaciones sobre el entramado empresarial de también avanzaron en tribunales, con múltiples condenas vinculadas a lavado de dinero.
El exvicepresidente fue condenado por corrupción en el caso Ciccone.
Y la propia fue condenada en la causa conocida como “Vialidad”, en un fallo que aún transita instancias judiciales.
No son opiniones. Son expedientes.
Sin embargo, durante mucho tiempo, la reacción social, mediática y política frente a estos casos fue —como mínimo— desigual.
La pregunta sigue vigente:
¿faltaba información… o sobraban intereses?
Hoy, el escenario parece distinto.
Cada movimiento patrimonial, cada denuncia y cada sospecha sobre funcionarios actuales es analizada casi en tiempo real. La lupa es inmediata, constante y, en muchos casos, implacable.
Pero ese cambio también obliga a otra reflexión.
¿Se fortaleció la transparencia… o cambió el foco?
Porque así como antes hubo silencios difíciles de explicar, hoy también aparecen denuncias que se amplifican con rapidez, en un contexto donde la disputa política atraviesa cada interpretación.
Eso no invalida las investigaciones actuales. Al contrario: las vuelve necesarias.
Pero también exige coherencia.
Una sociedad que exige transparencia no puede hacerlo por etapas ni por conveniencia. No puede indignarse con unos y relativizar a otros. No puede mirar con lupa hoy lo que ayer eligió no ver.
El problema no es denunciar.
El problema es la doble vara.
Cuando la corrupción se mide según quién gobierna, deja de ser un problema institucional y pasa a ser una herramienta política.
Y cuando eso ocurre, el daño es profundo.
Porque no solo se discuten los hechos.
Se debilita la confianza en la justicia, en la política y en las reglas del juego.
La Argentina no necesita más escándalos.
Necesita un criterio único.
Uno donde la corrupción sea corrupción… sin importar el nombre, el cargo o el momento
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