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31/08/2026 — BATÁN / MAR DEL PLATA

Los que nadie esperaba fueron los únicos que empujaron: una escena cotidiana que dice mucho de nosotros

Redacción Capibarapress · Publicada 31/08/2026 10:59

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LECTURA:

Frente a una facultad, un policía quedó varado con su automóvil. Decenas de personas pasaron a su lado. Algunos observaron, otros sonrieron y continuaron caminando. La ayuda terminó llegando de quienes probablemente menos esperaba.

 

No ocurrió durante un operativo. No hubo sirenas, persecuciones ni una emergencia policial.

 

Fue algo mucho más cotidiano.

 

Un automóvil dejó de arrancar frente a una Facultad de Derecho. Su conductor, un efectivo policial uniformado, tuvo que bajarse e intentar empujarlo.

 

A pocos metros salían estudiantes y otras personas del establecimiento. Había movimiento, gente caminando y suficientes ojos para advertir rápidamente lo que estaba ocurriendo.

 

Pero apareció una situación llamativa.

 

Muchos miraron.

 

Algunos siguieron caminando.

 

Otros, según pudo observar Capibara Press, incluso parecieron tomar con cierta gracia la situación.

 

Pero nadie se acercaba.

 

 Cuando una mano vale más que un discurso

 

Empujar un automóvil detenido probablemente demande uno o dos minutos.

 

No requiere dinero.

 

No exige conocimientos especiales.

 

Simplemente requiere que alguien vea a otra persona atravesando una dificultad y decida acercarse.

 

Y entonces ocurrió lo inesperado.

 

Tres personas se aproximaron y ayudaron al policía a mover el vehículo.

 

Hasta allí podría tratarse simplemente de un pequeño gesto solidario.

 

Pero había un detalle que transformaba completamente la escena: eran personas conocidas por haber tenido antecedentes y conflictos previos con la ley.

 

Y delante de ellos había un policía uniformado.

 

Podrían haber seguido caminando.

 

Podrían haber considerado que aquel hombre representaba justamente a la institución que alguna vez los había detenido, identificado o investigado.

 

No lo hicieron.

 

Vieron a una persona intentando empujar un automóvil y decidieron ayudar.

 

 La ropa no mide la empatía

 

La contradicción resulta difícil de ignorar.

 

De un establecimiento universitario salían jóvenes correctamente vestidos, estudiantes de Derecho y personas que, desde una mirada superficial, probablemente asociaríamos inmediatamente con determinados parámetros de educación y comportamiento social.

 

Sin embargo, en aquella pequeña escena cotidiana, los títulos futuros, la ropa o la apariencia no significaron demasiado.

 

Quienes rompieron la indiferencia fueron precisamente aquellos sobre quienes una parte de la sociedad posiblemente tendría mayores prejuicios.

 

Eso no convierte sus antecedentes en algo irrelevante ni transforma automáticamente sus historias personales.

 

Pero demuestra algo bastante más profundo:

 

una persona es mucho más compleja que la etiqueta que alguna vez recibió.

 

 El policía también dejó de ser solamente policía

 

Existe además otra particularidad.

 

El hombre estaba uniformado.

 

Para algunos era "el policía".

 

Para otros podía representar autoridad, control o incluso experiencias desagradables del pasado.

 

Pero cuando el automóvil dejó de funcionar ocurrió algo curioso: durante unos minutos dejó de existir la etiqueta.

 

No había policía y personas con antecedentes.

 

Había simplemente cuatro personas empujando un auto.

 

Quizás esa sea la parte más humana de toda la historia.

 

 ¿Nos estamos acostumbrando a mirar para otro lado?

 

Vivimos rodeados de personas y, paradójicamente, cada vez resulta más sencillo ignorarlas.

 

Miramos una pantalla mientras caminamos.

 

Vemos caer a alguien y dudamos antes de acercarnos.

 

Observamos un problema y pensamos que seguramente otro se ocupará.

 

Incluso algunas situaciones ajenas terminan transformándose en entretenimiento.

 

La indiferencia puede convertirse en costumbre sin que siquiera nos demos cuenta.

 

Y entonces una escena insignificante termina funcionando como un espejo.

 

No sabemos quién estudia, quién trabaja, quién estuvo preso, quién tiene antecedentes, quién viste traje ni quién lleva uniforme cuando llega el momento más elemental:

 

decidir si ayudamos o seguimos caminando.

 

? Capibara Reflexiona

 

Quizás juzgamos demasiado rápido a las personas por el uniforme que llevan, por la ropa que usan, por dónde estudian o incluso por los errores que cometieron alguna vez.

 

Pero la empatía no viene con uniforme.

 

Tampoco viene con traje.

 

Y definitivamente no viene incluida con un título universitario.

 

A veces aparece donde menos la esperamos.

 

Hoy fueron tres personas con un pasado complicado quienes decidieron detenerse frente a alguien que necesitaba ayuda, mientras muchos otros simplemente continuaron caminando.

 

No borra el pasado de nadie.

 

No condena a quienes siguieron de largo.

 

Pero deja una pregunta incómoda para todos:

 

cuando alguien necesita una mano, ¿qué clase de persona elegimos ser?

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