TERROR EN ADROGUÉ: DELINCUENTES HABRÍAN ASALTADO TRES CASAS Y CRECE UN INQUIETANTE INTERROGANTE SOBRE LAS COMUNICACIONES POLICIALES
Redacción loguea2 · Publicada 01/09/2026 11:49 · Actualizada 01/09/2026 11:55

Un violento episodio de inseguridad ocurrido durante el domingo generó conmoción entre vecinos de Adrogué, partido de Almirante Brown, luego de que delincuentes habrían ingresado consecutivamente a tres viviendas ubicadas sobre calle Macías, donde sometieron y golpearon a integrantes de distintas familias durante una secuencia que se habría extendido durante un largo período.
Según los testimonios difundidos por vecinos y allegados a las víctimas, los atacantes habrían accedido inicialmente a una de las propiedades trepando por el techo de un garaje. Una vez dentro comenzó una situación de extrema violencia mientras los delincuentes recorrían las habitaciones buscando dinero y objetos de valor.
De acuerdo con el relato que comenzó a circular públicamente, los asaltantes habrían permanecido aproximadamente una hora y media dentro de la primera vivienda. Durante ese tiempo habrían golpeado a la propietaria y la habrían amenazado con un arma de fuego.
Uno de los momentos más dramáticos denunciados por los vecinos ocurrió cuando uno de los delincuentes habría colocado el arma dentro de la boca de la mujer y accionado el gatillo, aunque el disparo finalmente no se produjo. Se trata de uno de los detalles más graves del relato y deberá ser establecido oficialmente en el marco de la investigación.
La tranquilidad con la que presuntamente actuaron también llamó poderosamente la atención. Según la versión difundida, los delincuentes incluso habrían comido dentro de la vivienda mientras mantenían a la víctima bajo su control, una circunstancia que demostraría el prolongado tiempo que permanecieron en el lugar.
La secuencia no habría terminado en esa propiedad. Los atacantes habrían llevado a la primera víctima hasta una casa lindera y utilizado esa situación para conseguir ingresar. Allí se produjo un segundo robo y los integrantes de esa familia también habrían sido violentamente agredidos.
Una mujer habría sufrido golpes y cortes en la cabeza, mientras que sus hijos también fueron atacados. Posteriormente, los delincuentes habrían regresado hacia la primera propiedad y continuado desplazándose hasta alcanzar una tercera vivienda.
En esa tercera casa se habría producido otro robo y un joven habría sido golpeado con tal violencia que posteriormente necesitó asistencia médica. De acuerdo con la información difundida por los vecinos, sufrió heridas que requirieron suturas y una fractura del tabique nasal.
De confirmarse completamente esta reconstrucción, no estaríamos frente al habitual ingreso rápido a una vivienda para sustraer elementos y escapar. Los delincuentes habrían tenido tiempo para recorrer tres propiedades, buscar dinero, reducir a diferentes personas, golpearlas y desplazarse entre las viviendas antes de abandonar el lugar.
Pero existe otro dato mencionado alrededor del caso que, si finalmente se confirma, podría abrir un interrogante todavía más delicado: la versión de que los delincuentes habrían estado escuchando comunicaciones policiales mientras desarrollaban el asalto.
Ese punto deberá ser comprobado por los investigadores. No alcanza con afirmar que tenían una radio o un handy: será necesario determinar qué dispositivo utilizaban, qué comunicaciones podían escuchar y si efectivamente estaban accediendo en tiempo real a información vinculada con el desplazamiento de los móviles policiales.
La cuestión adquiere especial relevancia porque las comunicaciones policiales modernas pueden utilizar sistemas digitales con mecanismos de cifrado y autenticación. Cuando una comunicación se encuentra correctamente cifrada, no basta con conocer una frecuencia ni utilizar un scanner convencional para escuchar su contenido.
Por ese motivo, si se comprobara que los delincuentes realmente estaban escuchando comunicaciones policiales protegidas, la investigación debería intentar establecer cómo consiguieron hacerlo. Entre los interrogantes posibles aparece determinar si se trataba realmente de la red policial, si escuchaban algún canal o comunicación sin cifrar, si disponían de un equipo indebidamente habilitado o si recibían información policial por algún otro medio.
También surgiría inevitablemente una pregunta mucho más sensible: si utilizaron un dispositivo autorizado para acceder a una red protegida, ¿cómo llegó ese equipo o ese acceso a manos de los delincuentes?
Esto no significa que pueda afirmarse actualmente que un integrante de la fuerza les proporcionó un equipo o información. Una hipótesis semejante necesitaría pruebas concretas. Pero precisamente por la gravedad de esa posibilidad resulta fundamental establecer técnicamente qué aparato tenían, de dónde provenía y qué información podían recibir.
La eventual identificación del dispositivo podría convertirse, incluso, en una pieza importante de la investigación. Determinar su procedencia, configuración y capacidad real permitiría saber si los delincuentes simplemente monitoreaban alguna comunicación accesible o si existió una vulneración mucho más seria de un sistema destinado precisamente a impedir que terceros conozcan los movimientos policiales.
Mientras tanto, el episodio provocó indignación y temor entre los habitantes de Adrogué. En las redes sociales comenzaron a circular pedidos de mayor presencia policial y propuestas para organizar una movilización reclamando respuestas ante la inseguridad.
Los vecinos también plantean cómo fue posible que una secuencia de semejante duración se desarrollara entre tres propiedades sin que los responsables fueran interceptados. Esa pregunta adquiere todavía mayor relevancia ante la versión sobre el supuesto monitoreo de las comunicaciones policiales.
Ahora será necesario establecer cuántos delincuentes participaron, cuánto tiempo permanecieron realmente en las viviendas, qué elementos sustrajeron, cuáles fueron las lesiones certificadas a las víctimas, cómo escaparon y qué pueden aportar las cámaras de seguridad públicas y privadas de la zona.
Y si finalmente se confirma que durante el ataque los delincuentes estaban siguiendo las comunicaciones de la Policía, habrá una segunda investigación tan necesaria como inquietante: determinar exactamente qué escuchaban, cómo lograron acceder y de dónde salió el equipo o la información que les permitía anticipar los movimientos policiales.
Porque después de una secuencia en la que tres familias habrían sido sometidas dentro de sus propias viviendas, la pregunta no es solamente cómo los delincuentes pudieron permanecer tanto tiempo sin ser detenidos. También habrá que responder, si aquella versión se confirma, cómo podían saber qué estaba haciendo la Policía mientras ellos continuaban actuando.
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