UN PERRO MURIÓ TRAS SER ATROPELLADO POR UN COLECTIVO EN MAR DEL PLATA: EL DRAMA TAMBIÉN REABRE EL DEBATE SOBRE LA TENENCIA RESPONSABLE
Redacción loguea2 · Publicada 01/09/2026 21:07

Un perro murió este martes por la mañana luego de ser atropellado por un colectivo de la línea 581 en la zona de Los Granados y Husay, frente al Círculo Policial de Mar del Plata. El episodio generó indignación por las circunstancias denunciadas alrededor del accidente, pero también deja abierta una discusión que muchas veces queda relegada cuando ocurren este tipo de hechos: la responsabilidad de quienes tienen animales a su cuidado.
Según el relato difundido por Red Solidaria Animalera MDP, el hecho ocurrió aproximadamente a las 7:30. Una persona que habría presenciado la situación aseguró que el perro se encontraba sobre el cordón de la vereda cuando se aproximó el colectivo.
Siempre de acuerdo con ese testimonio, personas que estaban en el lugar comenzaron a gritar para intentar advertirle al conductor sobre la presencia del animal. Pese a ello, el colectivo continuó avanzando y terminó atropellándolo.
El perro sufrió heridas gravísimas y quedó tendido en la vía pública. Según la denuncia, permaneció con vida durante aproximadamente 40 minutos mientras las personas presentes intentaban conseguir asistencia veterinaria.
Finalmente, el animal murió antes de que pudiera recibir la atención necesaria.
Desde la organización animalista reclamaron que se investigue lo sucedido, que se analicen las cámaras de seguridad existentes en la zona y que se determine si corresponde establecer alguna responsabilidad por la actuación del conductor.
Pero el caso no debería terminar solamente con una discusión sobre el colectivo.
Existe una pregunta anterior que también merece ser formulada: ¿por qué estaba el perro solo en la vía pública?
La tenencia responsable de un animal no consiste únicamente en darle alimento o permitirle dormir dentro de una vivienda. También significa evitar que salga sin control a la calle, protegerlo de accidentes, impedir que pueda provocar un siniestro y asumir que un perro doméstico depende de una persona para mantenerse fuera de situaciones peligrosas.
Una calle por la que circulan colectivos, automóviles, motocicletas y camiones nunca puede considerarse un lugar seguro para que un animal permanezca suelto.
Si el perro tenía propietario, también deberá analizarse cómo llegó hasta ese lugar y por qué se encontraba expuesto al tránsito. Esto no elimina ni anticipa una eventual responsabilidad del conductor: son cuestiones diferentes que deben analizarse por separado.
Si efectivamente existieron advertencias antes del impacto, será importante determinar si el chofer tuvo posibilidades reales de advertir al animal y evitar el atropello. Y después del impacto también corresponde establecer qué ocurrió, si el conductor advirtió la situación y qué procedimientos debía seguir.
Las cámaras de seguridad podrían resultar fundamentales para dejar de depender exclusivamente de versiones testimoniales. Las imágenes permitirían determinar dónde se encontraba exactamente el perro, cómo se produjo el atropello, a qué velocidad circulaba la unidad y cuál fue la reacción del conductor antes y después del impacto.
Pero la tragedia también debería servir para hablar de prevención.
Los animales domésticos no comprenden las reglas del tránsito. No pueden evaluar correctamente la velocidad de un colectivo ni anticipar todas las consecuencias de cruzar una calle. Esa responsabilidad corresponde a las personas que los tienen bajo su cuidado.
Un perro que permanece dentro de una propiedad correctamente cerrada o que circula acompañado y bajo control reduce enormemente las posibilidades de terminar atropellado, perderse, ser atacado por otro animal o provocar un accidente que también podría lesionar a una persona.
Por eso sería injusto convertir automáticamente este episodio en una condena contra un chofer sin conocer todavía toda la secuencia, de la misma manera que sería equivocado ignorar las circunstancias posteriores al atropello denunciadas por quienes estaban presentes.
Hay que investigar qué hizo el conductor, pero también preguntarse cómo llegó ese animal a estar expuesto al tránsito.
La responsabilidad sobre los animales comienza mucho antes de un accidente. Comienza con una puerta o un portón correctamente cerrado, con no permitir que circulen solos y con comprender que tener una mascota implica hacerse responsable también de su seguridad.
Ahora serán las imágenes y los testimonios los que podrán ayudar a reconstruir exactamente lo ocurrido con el colectivo de la línea 581.
El resultado, lamentablemente, ya no puede modificarse: un animal murió después de sufrir graves heridas.
Buscar responsabilidades es necesario. Pero aprender de lo ocurrido también lo es. Porque la protección animal no debería comenzar después de un atropello, sino mucho antes: en la casa y con una tenencia verdaderamente responsable.
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